Fe Bahá’í

La RAE define “bahaí” de este modo: perteneciente o relativo al bahaísmo, y seguidor del bahaísmo. Es una buena definición, es eficaz. Un cristiano, a su vez, es el seguidor de Cristo. Un musulmán, el que profesa el islamismo. Etcétera.

La categorización de la realidad obedece a parámetros organizativos prácticos, pero incurre siempre en la simplificación. ¿Acaso un musulmán no es también creyente en Cristo? Claro que sí, del mismo modo que un cristiano tiene claro el cumplimiento de los Mandamientos de Moisés. Pero ¿no eran diferentes religiones? Sí y no.

Hasta el nacimiento de la Fe bahá’í no se había explicado el concepto de la revelación progresiva que, básicamente, afirma que el mensaje religioso es constante y que se renueva periódicamente. Añade que lo conforman dos vertientes: una, relativa a elementos sociales de la época en la que surge; otra, espiritual y relativa al desarrollo íntimo. Ésta última no halla variación en las diferentes religiones. Sin embargo, la primera sí, dado que la sociedad, sus usos y costumbres varían con el paso de los años.

Si desea profundizar en esta religión, puede hacerlo en estas direcciones:

¿En qué creen los bahá’ís?

En lo establecido por Bahá’u’lláh a mediados del siglo XIX. La parte cambiante de las religiones, a la que ya me he referido anteriormente, la desarrollan a través del concepto de la revelación continua. Además, sostienen que la vida de la sociedad puede mejorar a través del servicio a los demás y de la participación activa en el entorno. No es necesario ser creyente para hacerlo, como cualquiera puede fácilmente comprender. Simplemente, hay que creer en la fraternidad del género humano. En esta línea, los bahá’ís sostienen que la verdad es relativa y rechazan el proselitismo de cualquier índole.

La religión, tal y como la entienden, ha de promover la paz. Explican que si esto no se da, entonces es mejor no tener religión alguna. Del mismo modo, la paz y la justicia deben teñir las relaciones personales, que han de ser igualitarias y respetuosas. La abolición de prejuicios, por lo tanto, y la igualdad de oportunidades entre los sexos son dos principios rectores. A ellos le unen la educación garantizada y obligatoria para todos.

En el plano más general, encontramos los principios de la adopción de un idioma universal que complemente el propio, la asunción de un sistema único de pesos y medidas, la constitución de un tribunal internacional de justicia con decisiones vinculantes, de un parlamento mundial y el establecimiento de un sistema de seguridad colectivo que extinga las veleidades locales y asegure oportunidades de desarrollo para las sociedades.

En su conjunto, los preceptos bahá’ís giran alrededor de la idea central de la unidad como medio y como fin para la resolución de los problemas: unidad del género humano, en la esfera política, en la económica… o, dicho de otro modo, en encontrar los puntos en común para poder construir por, y desde, el bien colectivo.

El desarrollo de todo lo anterior, además de la esfera espiritual que conlleva cualquier religión, constituye el corpus doctrinal revelado por Bahá’u’lláh en la segunda mitad del siglo XIX. Cualquier persona que crea y trabaje en pos de estos ideales se alinea con los creyentes de la Fe bahá’í. Esto, junto con el hecho de entender que la esencia de la revelación es la misma —es decir, que no puede desvincularse la figura de Bahá’u’lláh de la de Cristo, Moisés, Muhammad, Buda, Krishna o Zoroastro—, facilita que haya bahá’ís provenientes de cualquier cultura o extracción social.  

En relación al personaje histórico, Bahá’u’lláh, puede encontrar información prolija en esta dirección: Biografía de Bahá’u’lláh: el Fundador de la religión bahá’í.

Actualidad de la Fe bahá’í

En la actualidad, la Fe bahá’í se organiza de modo asambleario a niveles locales, nacionales e internacionales. Carece de sacerdocio y la responsabilidad se traduce en servicio. Estas asambleas, o consejos rectores, si se quiere, son elegidas sin candidaturas, de modo secreto y atendiendo exclusivamente a parámetros espirituales. El camino que media entre el fallecimiento de Bahá’u’lláh y la constitución de este orden administrativo puede consultarlo en cualquiera de los tres vínculos que encabezan esta sección.

“Llegará un día en que no haya más campos de batalla que los mercados que se abran al comercio y los espíritus que se abran a las ideas. Llegará un día donde las balas de cañón y las bombas sean reemplazados por los votos, por el sufragio universal de los pueblos, por el venerable arbitraje de un gran Senado soberano que será en Europa, lo que el Parlamento es en Inglaterra, lo que la Dieta es en Alemania, lo que la Asamblea Legislativa es en Francia”.

Un contemporáneo de Bahá’u’lláh, Víctor Hugo

Sus ideas ilustradas no eran sino la expresión del deseo de un mundo mejor en mitad de un mal siglo. Lamentablemente, el siguiente no fue mucho mejor. Es cierto que las iniciativas más altruistas de los últimos doscientos años no encuentran parangón en el devenir humano. Pero tampoco lo hacen las atrocidades que las acompañan.

Traigo a colación el texto CVI de Pasajes de los Escritos de Baháu’lláh. “El Médico Omnisciente tiene puesto su dedo en el pulso de la humanidad. Percibe la enfermedad y en su infalible sabiduría prescribe el remedio. Cada época tiene su propio problema y cada alma su aspiración particular. El remedio que el mundo necesita para sus aflicciones actuales no puede ser nunca el mismo que el que pueda requerir una edad siguiente.”

Uno se pregunta, a la luz de este texto y de la visión de Víctor Hugo: ¿cuál es el remedio? ¿Qué hace falta? Vivimos tiempos sumamente difíciles en los que el desafío no es local o regional, sino global. Sin embargo, cualquier observador más o menos objetivo estará de acuerdo en que cada región, cada país, sigue su propia política sanitaria, económica y social. ¿Acaso no es evidente que las soluciones que se aplicaban en tiempos pasados no son válidas en el mundo actual? La solución para una plaga que no entiende de fronteras ha de tener algo de criterio compartido, algún tipo de acuerdo que nos devuelva la confianza en el futuro y en la felicidad perdida.

Trabajar por la unidad, visto bajo esta óptica, no es algo tan ajeno a lo que todos deseamos.

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